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Preadolescencia: los primeros bailes

 Si de ponerle fecha se trata, digamos que alrededor de 6to grado nuestros hijos empiezan a organizar y/o asistir a bailes y la consigna para los adultos es clara: “Ustedes no entren”.

“Ustedes no suban” (si es en la terraza), “ustedes no salgan”, si es en el jardín o en el patio, “ustedes no entren”, si es en algún ambiente de la casa o “ustedes quédense… en el baño”, si es en un salón de los que se alquilan para este tipo de bailes. Chicos, nos queda claro: sólo nos quieren para que los proveamos de comida y bebida en el momento necesario.

Los “hitos” en el crecimiento de los hijos son muchos y empiezan temprano: dejar la teta o la mamadera, dejar el chupete, dejar los pañales, entrar y egresar del jardín… podríamos enumerar muchísimos y todos afectan a los padres. Ahora, cuando en esta lista de “dejar” a los que se deja afuera es a los padres… bueno, ¡a muchos nos cuesta!


Por un lado, los vemos grandes, creciendo e independizándose, pero por otro puede pasar que los padres se sientan excluidos, cuando antes eran las estrellas del cumpleaños junto con sus hijos. ¿Se acuerdan cuando las animadoras los hacían disfrazarse y organizaban juegos? ¿No hace tanto, no?

Bueno, ahora el deber de los padres es correrse a un costado, dejar espacio para esos chicos que crecen y que necesitan “más aire”. De oídas, los padres se enteran de que hay bailes lentos, juegos como el “semáforo” o la “botellita” que incluyen besos y, muchas veces, hasta “piquitos”. Cada pareja de padres tomará estas situaciones de manera diferente. Lo importante, en primer lugar, es hacer memoria y recordar qué les pasaba a ellos a esa edad: muchos se verán a sí mismos bailando en los “asaltos” y dando o recibiendo el primer beso en medio de uno de estos juegos.

Si hasta ahora no fue tema de charla entre los padres, es un buen momento para que tomen una postura basada en los valores sobre los cuales construyeron su familia: algunos serán más tradicionales, otros más “modernos”. Conversar con otras parejas de padres también es una buena oportunidad para reflexionar sobre el estilo de crianza y la forma de afrontar este cambio que puede resultar un tanto abrupto.

También es fundamental, con los hijos, dejar en claro los límites antes de que el baile comience: el horario, las situaciones que se permitirán y las que no, los momentos en los que sí van a entrar los padres y la necesidad de que recurran a los adultos si se dan cuenta de que no pueden manejar alguna cuestión.

Al otro día, evaluar la fiesta en familia puede servir para ajustar, repensar y reflexionar con ellos. Como siempre, el diálogo abierto, informal y cuidadoso es la herramienta privilegiada.

Ahora, si los padres sienten que a esta edad sus hijos “se les van de las manos” y que no saben cómo manejar estas situaciones, siempre es posible recurrir a la orientación de un profesional que los ayude a acompañar a los chicos en el camino de su crecimiento y a aprender a “correrse” sin sentirse rechazados.

Asesoró Lic. Gabriela Lima, periodista y psicopedagoga

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